Cuando empecé con esto de los tutoriales, todo el contenido de Android y Linux estaba mezclado en un solo blog. Tenía un calendario fijo y publicaba un tema por semana. Pero el proceso tenía dos etapas separadas. Primero escribía el texto del tutorial, con la introduccion, las distintas secciones, el cierre del artículo y recién después agregaba el video correspondiente. Publicaba el tema, y el video se agregaba a los quince o veinte días.
Las pocas ganas que me daban de hacer cada video, fueron la excusa perfecta para no hacerlos. Revisaba el artículo para ver qué le podía quitar o agregar e incluso iba armando una especia de índice con temas a futuro. Así terminé acumulando una deuda de unos 15 videos pendientes de grabar. La solución que probé primero fue estirar el calendario: en vez de un tema por semana, pasé a un tema por mes, para darle más aire a esa segunda etapa. Pero el desgano ganaba la pulseada.
Ahí me choqué con un problema distinto, y más incómodo: a medida que pasaba el tiempo, el contenido en sí iba cambiando. Una actualización de Android, una interfaz que se movía de lugar, o los elementos cambiaron de nombre y de repente un video que ya había grabado quedaba desactualizado. No se trataba solo de grabar los videos nuevos que me faltaban: tenía que volver a grabar todos los videos que ya estaban hechos.
Entonces pensé ¿y ahora que hago? Imagínate que si antes me costaba hacer un sólo vídeo, tener que hacer completar los adeudados, mas los que debía actualizar mas los de las entradas nuevas, era algo muy dificil de afrontar. No es lo mismo deber 15 que 40.
La deuda de videos terminó ayudando a separar el contenido
Toqueteando sin querer entré a una sección de blogger y lo primero que ví fueron números. Ahí se especificaban las visitas que tenía mi blog. Decía 5000... es decir 5000 personas en tres meses visitaron mi blog y no lo podía creer. Sinceramente, yo pensaba, ¿valdrá la pena hacer esto? ¿lo leerá alguien? Eso me sirvió para ser realista conmigo mismo y la respuesta a ambas preguntas fue un hermoso ¡Sí!
Pero mi cabeza es un poco inquieta y no se conformaba solo con ese descubrimiento... Fue ahí que se me dio por buscar si había algo similar en YouTube. Y lo encontré. Mi canal sólo tenía 14 suscriptores y el video que más vistas tenía en YouTube apenas llegaba a 1.200. Algunos después de leer ese dato seguramente pensaron que ese fue un balde de agua fría y que todo mi empeño en los videos se iba a la basura.
Sin embargo a mí me ayudó y mucho: todo ese trabajo extra que implica grabar, narrar con Narakeet, sincronizar música, rehacer cuando algo cambiaba se convirtió en un alivio. Ahí entendí que no me convenía seguir gastando ese esfuerzo en un video que muy pocos veían, y cambié en serio el formato: pasé a capturas de pantalla simples e infografías.
El calendario no fallaba por falta de constancia
Publicaba el tema cada semana, sin faltar. El problema real no era la constancia: era que el calendario no estaba pensado para todo el proceso creativo, de principio a fin. Solo contemplaba la parte de la escritura, pero no tenía en cuenta los factores externos.
Estirar el calendario a un tema por mes fue un intento razonable de resolverlo, pero no atacaba la raíz del problema: mientras el formato siguiera siendo video, cualquier cambio en el contenido original iba a implicar rehacer trabajo ya hecho. Ningún calendario, por más generoso que fuera, iba a alcanzar si el formato en sí generaba ese costo cada vez que algo cambiaba.
Un calendario fijo no es malo, pero tiene que poder mutar
No creo que el error haya sido tener un calendario de "un tema por semana", ni siquiera haber probado estirarlo a un tema por mes. El error hubiera sido seguir invirtiendo ese esfuerzo en complementar lo escrito con un video sin pararme a mirar si realmente estaba rindiendo. Los números fueron los que me lo dijeron con claridad: no hacía falta seguir intuyendo si valía la pena, los datos ya lo mostraban.
Entonces, ¿cuándo es el buen momento para publicar?
Tener un calendario fijo ayuda, siempre que esté hecho a la medida de tu proceso real, no de una frecuencia que leíste en algún lado. Pero hay algo más importante que el calendario en sí: de tanto en tanto, conviene mirar los números y preguntarte si el esfuerzo que estás poniendo en cada formato se corresponde con lo que te está devolviendo. En mi caso, esa comparación —5.000 vistas en texto contra 1.200 en el mejor video— fue la que terminó de convencerme de dejar de pelear contra un formato que me costaba mucho más de lo que me daba.
A dónde llegué después de todo esto
Hoy el proceso es distinto por completo, y bastante más tranquilo. Armo varios artículos de una sola vez: saco las capturas, armo el slider correspondiente, y los dejo programados para que se publiquen solos, cada cierto tiempo, sin que yo tenga que estar ahí el día exacto.
Sí mantengo un calendario fijo, pero uno por blog, no uno genérico: los martes sale contenido de Android, los jueves de Linux, los sábados de Crea Contenidos Conmigo. Y cada cierto tiempo, freno la publicación por completo durante un mes como mínimo, para hacer una revisión a fondo del contenido ya publicado. Ahora mismo, por ejemplo, no va a salir nada nuevo hasta el 1 de septiembre. De ese período de mantenimiento aviso con anticipación en el blog de marca, para que quien me sigue sepa que el silencio es a propósito, no que abandoné el proyecto.
Llegar hasta acá me llevó pasar por un calendario que no acompañaba el proceso, una deuda de videos, y una comparación de números que si bien dolió un poco reconocer, fue ese no se qué que me alentó a cambiar el enfoque.
Este aprendizaje me ayudó a pasar al sistema actual. Este nuevo proceso —producir en lote, programar, y avisar cuando toca pausar— es la versión que finalmente sostiene, sin que cada publicación dependa de que ese día en particular yo tenga tiempo y ganas.