El diseño es esa parte del proceso a la que muchas veces no le prestamos la atención que merece. Y cuando le prestamos atención, solemos cometer el mismo error: pensarlo en función de lo que nos gusta a nosotros, en vez de quien lo va a recibir.
Antes de leer una palabra, ver un segundo de video o escuchar el primer minuto de un podcast, quien llega ya vio o sintió algo: los colores, el orden de los elementos, la calidad de una miniatura o portada. Eso ocurre antes del contenido, y ya está comunicando, aunque nadie lo haya pensado con esa intención. Un diseño descuidado transmite desinterés, y hace dudar del contenido antes de conocerlo. Uno ordenado transmite que hay alguien serio del otro lado, incluso antes de demostrarlo con lo que dice.
Simple no es lo mismo que descuidado
Un error común es pensar que un buen diseño necesita muchos recursos: colores llamativos, elementos decorativos o variedad visual. En general funciona al revés. Lo que hace que un diseño comunique bien no es la cantidad de elementos, sino la consistencia: que los mismos colores, la misma tipografía y la misma estructura se repitan siempre igual. Esa repetición es la que hace que alguien sienta que está en el mismo lugar cada vez que vuelve, en lugar de encontrarse con algo distinto en cada pieza.
El diseño también se revisa, no solo se crea una vez
El diseño no es una decisión que se toma al principio y queda resuelta para siempre. Con el tiempo aparecen elementos que en un momento parecían necesarios y que, en la práctica, dejan de sumar —a veces porque la tecnología los vuelve innecesarios, a veces porque el contenido cambió. Revisar el diseño de vez en cuando, y atreverse a eliminar lo que ya no aporta, es tan parte del trabajo como el diseño inicial... Menos, es más.
Esto no es solo para el texto
En un video, la miniatura cumple la misma función que la portada de un artículo: decide si alguien hace clic o sigue de largo. En un podcast, se nota en la portada del episodio, en la calidad del audio o en algún elemento sonoro reconocible que haga identificable tu contenido antes de la primera palabra. El formato cambia, pero la función es la misma: comunicar algo antes de que el contenido comience.
Entonces, ¿por qué importa esto?
Porque el diseño ya está comunicando, lo pienses o no. La única pregunta es si lo que comunica es lo que realmente quieres transmitir, o si es solo el resultado de no haberlo planificado.