La jerarquía de títulos en la creación de contenidos

Cuando creas contenido para que alguien lo lea en una pantalla, no estás escribiendo para alguien que se va a sentar a leer de corrido de principio a fin, como quien desenrolla un papiro. Estás escribiendo para alguien que probablemente escanea el texto buscando la parte que le interesa, o que entra desde un buscador con una pregunta puntual en la cabeza. Si todo tu contenido es un bloque de texto sin cortes, esa persona no encuentra rápidamente lo que busca y se va. Pero además, esto le genera cierta desconfianza, lo que provoca que en futuras consultas, al ver un enlace de tu sitio, probablemente lo ignore y no vuelva a entrar.

Esto no es exclusivo del texto escrito. Un video largo dividido en capítulos, o un podcast donde quien conduce anuncia "ahora vamos a hablar de tal cosa" antes de cambiar de tema, están haciendo exactamente lo mismo que un título en un artículo: marcando dónde termina una idea y dónde empieza la siguiente. En estos casos, esa jerarquía no aparece sola en la grabación: se define antes, en el guion. Ese "ahora vamos a hablar de..." que se escucha en el audio final es, en el fondo, un título que ya estaba escrito antes de encender el micrófono. Imagínate un podcast de dos horas donde una sola persona habla sin separar nada, sin marcar ni un solo cambio de tema: sería un aburrimiento imposible de sostener, por más interesante que sea lo que está diciendo. El formato cambia, pero la necesidad de separar es la misma.

Es muy probable que esto no te parezca nada nuevo. Seguramente alguna vez te enseñaron que los títulos separan temas, y los subtítulos separan lo que hay dentro de cada tema cuando todavía se puede dividir más.

Un título separa temas, no solo decora

La función de un título no es la de un adorno para que el texto se vea ordenado. Es una marca que le dice al lector: "aquí termina un tema y aquí empieza otro". Cuando escribes sobre algo que tiene varios bloques de información distintos, cada bloque necesita su propio título para que quien lee pueda distinguir dónde empieza y dónde termina cada uno.

El subtítulo aparece cuando un tema todavía se puede dividir

Ahora bien, no todos los temas se agotan en un solo bloque. A veces, dentro de un tema, hay información que todavía se puede seguir separando. Ahí es donde entra el subtítulo: no reemplaza al título, vive dentro de él, dividiendo ese bloque más grande en partes más pequeñas y manejables.

Por ejemplo, si un título dice "Formatos de contenido", y dentro de ese tema hablas de texto, video y audio por separado, cada uno de estos puede tener su propio subtítulo. El título te dice de qué tema general se trata; el subtítulo te dice en qué parte específica de ese tema estás parado.

Por qué esta separación le sirve al lector

Cuando un texto no tiene esta separación, todo queda mezclado en un mismo bloque, y quien lee tiene que mantener en la mente dónde termina una idea y empieza la siguiente, sin ninguna señal que se lo indique. Los títulos y subtítulos son justamente esas señales de ubicación: le permiten al lector ubicarse, saltar a la parte que le interesa o simplemente entender la estructura de lo que está leyendo antes de profundizar en el detalle.

Un orden simple para aplicarlo

No hace falta complicarse con reglas técnicas para usar esto bien. Basta con esta lógica:

  • Si estás por hablar de un tema distinto al anterior, va un título nuevo.
  • Si dentro de ese tema hay partes que se pueden separar más, esas partes van con subtítulo.
  • Si un subtítulo no depende de ningún título superior, algo está mal ubicado: un subtítulo siempre tiene que estar contenido dentro de un tema más grande, nunca suelto por su cuenta.

Entonces, ¿cómo se aplica esto al crear contenido?

Antes de desarrollar cualquier pieza larga —un artículo, un video, un episodio de podcast— conviene pensar primero en los temas grandes que la van a componer, y solo después ver si alguno de esos temas necesita dividirse en partes más pequeñas. Ese orden —primero los bloques grandes, después las divisiones que hagan falta— evita que el contenido termine siendo una masa continua donde ni quien lo consume, ni quien lo creó, logra ubicarse bien.

En el caso puntual del texto escrito, esto tiene un beneficio extra: un buscador también "lee" tus títulos para entender de qué habla cada parte de tu contenido. Técnicamente, esos títulos se marcan con etiquetas como H1, H2 y H3 (por Headers, en inglés). El H1 se utiliza para el título principal, por ejemplo, el título de la entrada de este blog... el H2 para los temas grandes, que en este post ves en letra más grande, el H3 para las divisiones dentro de esos temas (los encontrarás en los paso a paso de artículos de Aprende Android Conmigo y Aprende Linux Conmigo). Son justamente esas etiquetas las que el buscador usa para entender la estructura. Organizarlo bien no solo ayuda a que el lector se quede, ayuda a que llegue en primer lugar. En video o audio, la recompensa es distinta pero igual de real: si esa jerarquía quedó bien definida desde el guion, quien mira o escucha puede identificar con claridad cuándo cambia el tema, e incluso saltar directo a la parte que le interesa si el formato lo permite, en lugar de abandonar todo por sentirse perdido.

🤓

Continúa con: