Con mis tutoriales de Android y Linux, definir a quién iba dirigido el contenido no era algo que me quitara el sueño. Sabía perfectamente a quién le hablaba: alguien que tenía un teléfono nuevo y no sabía cómo configurarlo, alguien que no pudo actualizar su PC o se cansó de los errores en W11, o alguien atascado en un paso puntual. El destinatario venía determinado por el problema en sí.
Sin embargo, en este blog tuve que pensarlo más. "Crear contenido" es un tema mucho más amplio, y no es lo mismo hablarle a alguien que recién empieza que a alguien que ya lleva años publicando. Si no defino bien a quién le hablo, termino escribiendo algo solo porque el papel electrónico no tiene fin.
Sin destinatario claro, el contenido se queda a mitad de camino
Cuando no tienes claro a quién le hablas, es fácil terminar escribiendo, grabando o narrando algo que intenta cubrir a todo el mundo a la vez. El resultado casi siempre es el mismo: alguien que recién empieza lo siente demasiado avanzado, y alguien con experiencia lo siente demasiado básico. Nadie termina sintiendo que ese contenido era, específicamente, para él.
En texto: el nivel de detalle que das por sentado
En un artículo escrito, definir a quién le hablas decide cuánto explicas y qué das por sabido. Si escribes para alguien que ya sabe qué es un dominio o un hosting, puedes usar esos términos sin detenerte a explicarlos. Si escribes para alguien que recién comienza, incluir esos términos sin aclarar de qué se trata lo deja fuera en la primera línea. Y esa exclusión termina siendo recíproca.
En contenido audiovisual: el ritmo, el tono y las referencias
En video y en audio, definir el destinatario se nota en el ritmo, en el tono y en las referencias que das por conocidas. Un video o un podcast pensado para alguien con experiencia puede avanzar rápido, usar vocabulario técnico sin detenerse a explicarlo, y dar por sentadas ciertas herramientas o términos. Uno pensado para alguien que nunca tocó el tema necesita ir más despacio, mostrar cada paso sin dar nada por sentado, y explicar cualquier palabra que pueda sonar desconocida, aunque eso alargue la duración. Cuando esa definición no está clara, el resultado es un video que avanza demasiado rápido para quien recién empieza, o un podcast que suena elemental para quien ya sabe del tema.
No se trata de restringir a quién le sirve tu contenido
Definir a quién le hablas no significa que nadie más pueda aprovechar lo que haces. Alguien con más experiencia puede leer un contenido pensado para principiantes y extraer algo útil de todos modos, aunque no sea exactamente para él. Lo que cambia es la claridad de la pieza: cuando sabes a quién le hablas, tomas decisiones más firmes sobre qué explicar y qué dar por sabido, en lugar de intentar cubrir todos los niveles a la vez y terminar sin convencer a ninguno.
Entonces, ¿para qué sirve definir esto antes de crear?
Sirve para tomar decisiones concretas: qué explicar y qué no, a qué velocidad avanzar, qué palabras usar sin aclarar. Sin esa definición previa, cada una de esas decisiones se toma un poco al azar, y el resultado casi siempre es un contenido que no termina de encajar del todo con nadie.